Muchas mentiras, pocas luces, ningún escrúpulo

Hace pocos días leía el siguiente titular de periódico: «La sequía dispara la tensión en el campo andaluz». Ese mismo periódico, y otros, en sus páginas de «economía» (propaganda empresarial) alaban cotidianamente las nuevas plantaciones de olivar y almendros en intesivo, entre otros cultivos de regadío. Cualquiera que viaje por Andalucía puede observar la desaforada proliferación de tales cultivos. Crecen los cultivos de regadío y, por lo que se sabe, las lluvias van a ser las mismas, o menos.

Las consecuencias de esta locura serán ocultadas por la prensa, bien engrasada por los promotores de este sinsentido. A día de hoy no faltan noticias donde se dicen cosas como esta: «Derribando mitos: el olivar superintensivo también es sinónimo de sostenibilidad», o se «pone en valor» conceptos como «agricultura intensiva sostenible«. O se hacen eco de encuentros empresariales donde delegados provinciales de agricultura legitiman esta expansión, impulsados por fondos de inversión y grandes consultoras. Técnicos agrícolas, por un lado, y financeros, por otro, aparecen sonrientes en saraos donde convergen y se aseguran los beneplácitos políticos y administrativos para seguir explotando Andalucía: su tierra, su agua, su gente.

Y es que mientras la sequía es propia de nuestro clima, las plantaciones de regadío en intensivo que se expanden en Andalucía es propia de la locura rentabilista de la agricultura capitalista crecientemente financierizada. La tensión no la dispara la eterna escasez de lluvia del clima en Andalucía, sino los pocos escrúpulos y las pocas luces.

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