El origen de la transformación

Jhonson Tsang 

Para hacer que las trabajadoras de su pueblo no emigraran, se les ocurrió permitir la construcción de viviendas de lujo y un campo de golf. La explotación se hizo más cerca de casa. El agua no se sabía de donde venía.

Para impulsar la cultura propia se publicitaba a una multinacional. Vivir del arte requería retórica. Y olvidos, y fans. Pero, sobre todo, dinero.

Para impulsar la soberanía energética local se aliaron con una gran empresa del oligopolio energético. Se requería tener claro que el fin justificaba los medios. Así, era más fácil obviar que su acción negaba la soberanía energética local del resto; y continuar alabando la solidaridad de los pueblos.

Para ganar elecciones se debía controlar los medios de subsistencia; o ser aliado, o títere, o cómplice de quien lo hacía. Para eso lo fácil era ser de derechas. La opción era parecer que se continuaba siendo de izquierda.

Lo democrático poco a poco se fue envolviendo en una tremenda e invisible dictadura; el hacer requería deshacer conciencias; no quedarse solo requirió una tremenda capacidad de asunción de lo no deseado; ser tolerante acabó por ser sinónimo de cobardía.

Para brillar era necesario aliarse con el dueño de los focos. Para Ser fue imprescindible seguir combatiendo quien te negaba tu Ser.

La transformación no podía empezar por otro sitio.

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