Soberanía del capital y comunitarismo

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Obra de Juan Genovés

Cuando escribo nos encontramos a la espera de las medidas económicas que el gobierno español va a poner en marcha para frenar la crisis precipitada por el coronavirus. Desde los movimientos sociales se presiona para que las medidas ayuden a las mayorías sociales. Para que se útiles a las clases y grupos sociales más desfavorecidos.

El núcleo duro del área económica del “gobierno de progreso” español está compuesto por personas con ideología neoliberal. Ana Patricia Botín avaló y se felicitó por el nombramiento como ministra de economía de Nadia Calviño. Desde Fuentes Quintana y Miguel Boyer, hasta Calviño, pasando por Solchaga, Solbes o Rato, los ministerios de economía del gobierno español han estado al servicio del capital patrio.

En ese marco de políticas neoliberales dedimos la moneda. Perdimos la capacidad de realizar política monetaria. Con ella perdimos la política cambiaria: las devaluaciones de la moneda han sido una herramienta de política económica durante siglos. No tenemos capacidad de realizar política fiscal. Si el Estado se endeuda, lo que ha realizado en los últimos años con más facilidad cualquier empresa o familia, será chantajeado por el capital financiero (vuelve la “prima de riesgo”, el bate de beisbol de la mafia financiera), precisamente aquél que controla la moneda, los tipos de cambio, la política fiscal (la deuda), es decir, la política económica.

Las políticas económicas neoliberales impulsan la cesión de la soberanía económica al capital financiero. El caso español ha sido ejemplar. Ahora, en estos momentos de crisis, un escaso número de personas, con capacidad de decisión sobre enormes fondos de capital, decidirá cuánto dedica a mantener con vida la fuerza de trabajo y cuánto dedica a mantener sus tasas de ganancia. Cuánta legimitación requiere la acumulación.

En el actual capitalismo, gobiernos como el español dependen de cuánto está dispuesto a ceder el capital financiero al mantenimiento de la vida. La soberanía popular, la democracia, está raptada por la soberanía del capital. “Gobiernos de progreso” asumirán como suyas decisiones surbordinadas a otras previamente tomadas en despachos del capital (“por los mercados”); asumirán la subordinación de la vida a la acumulación de capital. Eso tiene un coste enorme en vidas (hoy). Y tendrá un coste enorme por el impulso que tomará el fascismo y su repercusión en nuestras vidas (futuras).

El neoliberalismo, la acumulación de poder, la “distancia y disciplina social” nos ha traído hasta aquí: una crisis sistémica precipitada por un virus. Frente a esto podríamos avanzar hacia la distribución del poder, del capital, de los trabajos (“El reparto); hacia la cooperación que acorte distancias (“La unión”); hacia el asunción de responsabilidades colectivas e individuales no disciplinarias (“El cumplir”).

Iniciemos el comunitarismo.

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